Las casas del mar profundo
La Tierra
Por Lili Pelayo González y Guillermina Alcaraz Zubeldia
27/10/2026
Hace algunos años entré al universo de Game of Thrones por curiosidad, pensando que sería sólo un entretenimiento pasajero. Sin embargo, pronto se convirtió en una pequeña y constante urgencia de llegar a casa para saber cómo continuaba la serie. Capítulo tras capítulo, empecé a ver algo inesperado: aquellas casas o familias que peleaban por territorios, poder, alianzas y antiguas herencias, me recordaban a unos habitantes del océano que yo estudiaba en ese momento: los cangrejos ermitaños.
Los cangrejos ermitaños también tienen casas y pertenecen a linajes con una larga historia. Ellos no habitan castillos ni aspiran a tronos de hierro, pero sí ocupan conchas de caracoles (gasterópodos) abandonadas, grietas, pendientes submarinas y abismos oscuros. Si el océano fuera el escenario de Game of Thrones, las profundidades marinas serían el Norte inhóspito, donde las olas cubren el oscuro, silencioso y frígido territorio. Allí, donde la luz no llega y la presión aplasta, habitan estas criaturas solitarias pertenecientes a la casa o familia Pylochelidae, considerada uno de los primeros linajes y la “casa fundadora” de estos reinos marinos, formados hace aproximadamente 200 millones de años [1].
Los miembros de esta casa fundadora no son esos pequeños cangrejos que imaginamos caminando por la playa con una concha a cuestas: son presencias ancestrales de dominios profundos. A lo largo de millones de años, algunos integrantes de esa casa comenzaron a desplazarse; fueron ermitaños aventureros que desafiaron la pendiente y cruzaron las grandes murallas submarinas —talud continental— para conquistar zonas más altas, mares
más iluminados y abundantes en recursos [2].
En esos nuevos parajes marinos, los ermitaños descubrieron un ambiente fascinante. Este mundo —zona costera e intermareal— es esculpido por el baile constante de las olas y las mareas: un escenario donde se forman pozas, se descubren rocas y habitan seres de diversos tamaños y formas. Aquí hay criaturas minúsculas que habitan en los intersticios del fondo arenoso, otras que flotan suspendidas en la columna de agua y viajan a merced de las corrientes marinas, y animales más grandes, de cuerpos musculosos, capaces de desafiar las fuerzas del mar y moverse con voluntad propia.
Para los aventureros de la casa (familia) Pylochelidae y sus descendientes, este nuevo mundo ofrecía claras ventajas: más alimento, más refugios, más conchas abandonadas y más cuevas donde esconderse. Pero también traía peligros, ya que las zonas someras son más dinámicas debido a que los vientos rompen el espejo azul de la superficie, formando olas que golpean fuerte y corrientes que arrastran. Estos nuevos dominios, con vida y recursos abundantes, tenían un precio. Entonces, ante este escenario, surge una pregunta clave: ¿estos cangrejos ermitaños regresaron al territorio de sus ancestros o conquistaron y permanecieron en geografías desconocidas? La respuesta es que ambas cosas ocurrieron.
Esta travesía oceánica implicó costosas transformaciones. Sus cuerpos cambiaron, se forjaron nuevas alianzas, se adoptaron otras costumbres y surgieron nuevos emblemas. Muchos modificaron su forma para encajar en las nuevas conchas vacías de caracoles marinos, utilizándolas como escudos protectores. Conquistar nuevos mundos y atravesar distintas transiciones adaptativas dio lugar al surgimiento de nuevos linajes que habitarían el reino azul. Así se establecieron tres nuevas grandes casas: Parapaguridae, Paguridae y Diogenidae y, con ellas, dio inicio un nuevo capítulo de esta historia [3].
La casa Parapaguridae, ante los costos y desafíos que representaba habitar los territorios de las alturas y de transición, optó por regresar hacia las profundidades: descendió a la llanura abisal para establecer su reino en condiciones más estables, silenciosas y conocidas [4]. Sin embargo, no volvió simplemente al mismo punto de partida ni se reincorporó a la casa fundadora; más bien, construyó su propio dominio en territorios hondos, homogéneos, pero conocidos.
A diferencia de ellos, las casas Paguridae y Diogenidae continuaron su expansión en las alturas marinas. Allí arriba, la temperatura ya no es tan constante y las corrientes pueden actuar como murallas o fronteras invisibles. La casa Paguridae exploró estas zonas cambiantes y mostró predilección por aguas que cambian sus características con las estaciones, provocando contrastes y con ello diferente disponibilidad de recursos [5]. En cambio, la casa Diogenidae se expandió tanto vertical como horizontalmente por distintas regiones del mundo [6].
La expansión de una familia suena al éxito que toda casa noble buscaría y celebraría; pero conquistar nuevos reinos marinos implica severos desafíos. Más allá de la competencia con otras especies, existen retos no vivos (¿White Walkers? ¡No, hablamos del ambiente!):
cambios en la acidez del ambiente, en las corrientes que empujan o en la evaporación, lo que hace que el agua se vuelva más ligera o pesada y modifique la forma en que estos habitantes se desplacen y respiren.
En otras palabras, el resultado fue un mapa dividido. La casa fundadora Pylochelidae se mantuvo asociada a las profundidades: en la estabilidad, pero también en la penumbra. La casa Parapaguridae se aventuró por la conquista de las alturas, pero terminó regresando hacia ambientes homogéneos y fríos, con sus propias reglas y sin confundirse con la casa fundadora. Mientras tanto, las casas Paguridae y Diogenidae permanecieron en la lucha por
asentarse en aguas más dinámicas: sí, pero también más abundantes en alimento y refugios.
El resultado del Juego de tronos
La casa Diogenidae se expandió por los cinturones tropicales y templados del mundo, donde la temperatura parece actuar como un orquestador de la vida marina. Esta casa no sólo conquistó las alturas marinas, también se extendió por distintas partes del mundo, más allá de las fronteras dibujadas por corrientes, pendientes y murallas submarinas. Algunos de sus integrantes incluso exploraron los ambientes intermareales. En este último pueden coexistir, por momentos, con criaturas terrestres o quedar cerca de ellas cuando baja la marea. Es una casa envalentonada, acostumbrada a moverse sobre el borde cambiante del océano. Esta estrategia forjó su linaje, caracterizado por explorar y conquistar.
Pero no todas las casas juegan con las mismas reglas. La casa Paguridae no sólo se interesó por los cinturones tropicales y templados del mundo. En lugar de especializarse en un único reino ambiental, parece haber adoptado la estrategia del generalista: tolerar mayor variación térmica, química y geográfica. Dicho de otro modo, la fuerza de esta casa está en la flexibilidad, en leer el clima, esperar el momento adecuado y adaptarse al terreno.
En el otro extremo está la casa Parapaguridae. Sus integrantes viven asociados a la muralla, a los márgenes continentales y a ambientes más profundos, especialmente en zonas templadas. Parapaguridae podría ser la casa de los guardianes de la pendiente y de las profundidades. No habita necesariamente el abismo más remoto, pero sí esos territorios donde la luz no llega, el agua no se calienta y la diversidad colapsa. Allí, el océano es menos cambiante que en la costa y la estabilidad puede convertirse en una ventaja.
Subir la muralla no es sólo cambiar de dirección: es enfrentar nuevas fuerzas y adversidades marinas. En las profundidades, el océano puede ser inhóspito, pero también más estable. En las zonas someras o expuestas a los vientos, el mar se calienta, se enfría, se agita, se mezcla y transforma su química. La temperatura, la acidez y la cantidad de oxígeno importan. Para un cangrejo ermitaño, los cambios en estas características pueden modificar su energía, su movimiento, su respiración y su capacidad de mantenerse en un lugar determinan su dominio y su capacidad para conquistar [7].
La nueva saga: ecos de un dragón
“El océano está cambiando. Se está calentando. Se está acidificando. Está perdiendo oxígeno” [8]. Son las nuevas leyendas, los nuevos murmullos, los ecos recientes en el mar. Las condiciones que durante miles de años definieron estos reinos marinos están cambiando. Si la temperatura es el eje principal de la expansión y dominio de los ermitaños, ¿qué ocurrirá cuando ese eje finalmente se desplace?
La historia de otros reinos nos enseña que los escenarios no serán uniformes. Linajes como Paguridae podrían tener mayor flexibilidad para tolerar condiciones cambiantes, mientras que la casa Parapaguridae podría encontrar su mayor ventaja al habitar zonas más estables y profundas.
La historia de los cangrejos ermitaños es el resultado de una larga negociación con la física y la química del océano. La mayoría conservó parte de su herencia ambiental; otros linajes se diversificaron. Unos se volvieron generalistas viajeros; otros, guardianes de las profundidades. Hoy, frente al cambio climático, esa antigua tensión entre permanecer y cambiar podría definir qué casas reinan, cuáles desaparecen y quiénes deben ser guardianes de la muralla. Tal vez no haya dragones en el océano, pero sí hay casas, alianzas y fronteras invisibles trazadas por la temperatura y la profundidad. Y el “nuevo invierno” ya comenzó. La pregunta no es si el mapa cambiará, sino qué casas sabrán adaptarse cuando el mar reescriba sus reglas.
Referencias
[1] Bracken-Grissom H.D., Cannon M.E., Cabezas P., Feldmann R.M., Schweizer C.E., Ahyong S.T., Felder D.L., Lemaitre R., and Crandall K.A. 2013. A comprehensive and integrative reconstruction of evolutionary history for Anomura (Crustacea: Decapoda). BMC Evulutionary Biology, 13: 1-28.
[2] Longhurst A.R. 2007. Ecological Geography of the sea. Second Edition.
[3] McLaughlin P.A. & Lemaitre, R. 1997. Carcinization in the Anomura-fact or fiction? Evidence from adult morphology. Contributions to Zoology, 67(2),79-123.
[4] Landschoff, J., & Lemaitre, R. (2017). Differentiation of three common deep-water hermit crabs (Crustacea, Decapoda, Anomura, Parapaguridae) from the South African demersal abundance surveys, including the description of a new species of
Paragiopagurus Lemaitre, 1996. Zookeys, (676), 21.
[5] Sultana, Z., Babarinde, I. A., & Asakura, A. (2022). Diversity and molecular phylogeny of pagurid hermit crabs (Anomura: Paguridae: Pagurus). Diversity, 14(2), 141.
[6] Ayón-Parente, M., & Hendrickx, M. E. (2010). Species richness and distribution of hermit crabs of the family Diogenidae (Crustacea: Decapoda: Anomura) in the eastern Pacific. Nauplius, 18(1), 1-12.
[7] Whiteley, N. M., & Taylor, E. W. (2015). Responses to environmental stresses: oxygen, temperature, and pH. The natural history of Crustacea, 4, 320-358.
[8] IPCC. (2019). IPCC Special Report on the Ocean and Cryosphere in a Changing Climate [H.-O. Pörtner, D. C. Roberts, V. Masson-Delmotte, P. Zhai, M. Tignor, E. Poloczanska, K. Mintenbeck, A. Alegría, M. Nicolai, A. Okem, J. Petzold, B. Rama, N. M. Weyer (Eds.)]. Cambridge University Press.
Imágenes hechas y editadas con IA, basadas en información del Global Biodiversity Information Facility.
Imagen del cangrejo tomada de https://novataxa.blogspot.com/2016/03/symmetrical-pylochelidae-papua.html
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