Hola, hello, padiux: hablemos de plurilingüismo

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Hola, hello, padiux: hablemos de plurilingüismo

SER humano

Hola, hello, padiux: hablemos de plurilingüismo

Ser de origen francés, vivir en México y trabajar como lingüista y profesora de idioma suele despertar la curiosidad de la gente. Tras charlar sobre la comida que me gusta y si prefiero la comida mexicana o francesa ­–en serio, disfruto el mixiote, los nopales y las gelatinas–, la pregunta inevitable siempre llega: “¿Cuántos idiomas hablas?” Y es sorprendente lo difícil que es responder a esta pregunta. En casa, hablábamos francés y un poco de normando, una lengua de la región dónde crecí; en la escuela estudié el inglés y el alemán; en la universidad aprendí portugués y exploré las particularidades del vietnamita. Luego, llegué a México y me adentré en el español. Recientemente, en un viaje a Indonesia, me aventuré a aprender unos rudimentos de bahasa, uno de los idiomas del país. Sin embargo, cuando surge la inevitable pregunta, suelo responder: “Pues… el francés, el español y un poquito de portugués”, y cambio rápidamente de tema, porque lo que me gustaría decir es: “Oye, disculpa, ¿pero a qué te refieres con “hablar idiomas”?” Pero no hago esta pregunta, sonaría como si estuviéramos en una clase de lingüística y simplemente estamos teniendo una charla entre amigos.

 

La lingüística aplicada a la enseñanza de lenguas ha evidenciado los límites de expresiones como “hablar un idioma”, o “dominar un idioma” e incluso “poseer un idioma”, que a veces escuchamos al referirnos a las competencias lingüísticas de una persona. Por ejemplo, alguien puede hablar un idioma, pero no ser capaz de escribirlo. Podemos imaginarnos a alguien que se comunica de forma oral en zapoteco con sus abuelos en casa, pero que nunca aprendió a escribir en dicha lengua; simplemente, nunca lo necesitó. Otra persona podría ser capaz de leer inglés, pero no hablarlo. Esto, en el caso de alguien que lee textos en inglés para su trabajo, pero no tiene la necesidad de comunicarse de forma oral en dicho idioma. Podría seguir dando ejemplos durante mucho tiempo, ya que existen muchas configuraciones posibles en cuanto a las competencias lingüísticas de una persona. Sin embargo, a menudo, cuando uno se refiere a alguien que “habla dos idiomas”, se imagina a una persona que maneja perfectamente dichos idiomas tanto en la forma oral como escrita, en la producción y en la recepción. Surge el mito de la persona bilingüe que posee exactamente la misma competencia lingüística y cultura en dos lenguas y dos culturas, conocido como bilingüismo equilibrado. En la realidad, son pocas las personas que se ajustan a este perfil; es mucho más frecuente que una lengua predomine sobre la otra. En este caso se hablaría de bilingüismo dominante.

 

Tejiendo nuestras vidas con lenguas

 

Una lengua tiene múltiples facetas, tanto lingüísticas como culturales. Ni aunque vivieras dos siglos, podrías conocer todas las maneras de expresarte en un idioma. Además, una lengua no es estática; más bien, es dinámica y evoluciona acorde al ritmo de la sociedad, a los eventos políticos y culturales. Nuevas palabras, giros lingüísticos y medios de comunicación surgen a medida que la sociedad evoluciona y en respuestas a los acontecimientos sociohistóricos; con el tiempo también desaparecen dado que dejan de ser usados. Todos fuimos testigos durante la pandemia de la aparición de nuevos términos, como “infodemia”, “zoomsemestre”, “zoompleaños” y “coronabicho” [1]. Algunos seguramente van a desparecer, mientras que otros ya están incorporados en diccionarios, como “covidiota”, que fue añadido al diccionario de la RAE en 2021 [2].

 

Así, dada la riqueza de los idiomas y su continua evolución, a diferencia de aprender a andar en bicicleta, nunca se termina de aprender un idioma y las culturas que conlleva. Por eso, en la actualidad, se considera la adquisición de una lengua como un proceso que se extiende a lo largo de la vida. Para investigar este proceso, una rama de la lingüística aplicada a la enseñanza de lenguas se dedica al estudio de las biografías lingüísticas, es decir, a la reconstrucción de todas las experiencias lingüísticas y culturales de un individuo. El estudio de estos relatos reveló, por un lado, que las competencias comunicativas de un hablante son el resultado de la interrelación entre los diversos idiomas que utiliza, en lugar de considerarse simplemente como la suma de lenguas separadas. Por otro lado, se ha observado que las habilidades en una lengua suelen experimentar desequilibrios, son transitorias y están sujetas a cambios a lo largo del tiempo. La historia de Alicia es un ejemplo de ello.

 

Alicia nació en Yucatán, donde en casa hablaban maya, pero en la escuela todo era en español. Así que, aunque escribía, leía y hablaba en español, creció con dos lenguas. En la secundaria y la preparatoria le tocó estudiar comprensión de lectura en inglés. Cuando llegó a la universidad, aprendió francés, como requisito de su carrera. A Alicia le gustaba más escribirlo que hablarlo y mostró una competencia superior en lo primero. También deseaba profundizar su conocimiento en maya, tenía un interés particular por leer y escribir en esta lengua. Más tarde, durante su posgrado, ganó una beca que le brindó la oportunidad de estudiar en una universidad en Quebec. Posteriormente, la invitaron a realizar sus estudios de doctorado en Chicago. Allí, Alicia conoció a un francés, se casó y se quedó a vivir en esta ciudad. Actualmente, es maestra de maya, utiliza el español como lengua de comunicación con sus hijos y el francés con su esposo.

 

Echa un vistazo a esta tabla que armé a partir de las vivencias lingüísticas de mi amiga Alicia. Está claro que la competencia comunicativa es dinámica y evoluciona con el tiempo. Las habilidades lingüísticas, como la producción y la recepción tanto oral como escrita, adquieren mayor relevancia en momentos y contextos específicos. Por ejemplo, ahora que Alicia reside y trabaja en la Ciudad de los Vientos, el inglés se ha convertido en el idioma de mayor relevancia en su día a día. Aun así, las lenguas que se escuchan en su hogar son el español y el francés. El primero para hablar con sus hijos y la segunda para susurrar palabras de amor a su esposo. Las necesidades comunicativas de cada persona son las que tejen los colores de su plurilingüismo.

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Los idiomas no son simples pasitas que puedes saborear una tras otra. Más bien, hay que visualizarlos en un vasto campo donde cada lengua brota, crece a diferentes ritmos según el terreno y las necesidades del campesino, que en este caso somos nosotros, los hablantes. Así, cuando uno decide ampliar sus habilidades de comunicación y adentrarse en el estudio de un nuevo idioma, es fundamental tener en mente sus objetivos de estudios a corto y mediano plazo. Uno, como el agricultor, decide cuáles cultivar según sus necesidades y deseos.

 

El arte de construir un mundo con la palabra

 

Los actuales enfoques de la lingüística aplicada a la enseñanza de idiomas buscan que las personas construyan conscientemente su plurilingüismo. Esto implica distanciarse, como hemos observado, del mito de la persona bilingüe que posee exactamente la misma competencia lingüística y cultural en dos o más lenguas, como si fuera un clon de sí misma simplemente hablando otro idioma. Además, es crucial evitar caer en las trampas publicitarias de los centros de idiomas, ya que el mercado global de aprendizaje de idiomas es, en gran medida, un negocio. Por lo tanto, se vuelve esencial tomar decisiones informadas para aprovechar al máximo todas las experiencias lingüísticas y culturales disponibles.

 

Para lograrlo, existen herramientas como el Portafolio Europeo de las lenguas [3], útiles tanto para los estudiantes como para profesores e instituciones. El PEL, como un cuaderno o una libreta organizada por temática, ayuda a registrar y reflexionar sobre las experiencias lingüísticas e interculturales, describir habilidades de manera precisa, autoevaluarlas y evidenciar las diferentes posibilidades de aprendizaje. Es decir, se trata de tomar conciencia de las distintas facetas de los idiomas en lugar de concebirlos como una entidad global. Este documento contiene tres partes: Pasaporte de lenguas, Biografía lingüística y Carpeta.

 

En el Pasaporte [4] se registran los diferentes niveles de competencias en cada lengua, así como las vivencias en distintas lenguas.

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Es frecuente que, al finalizar un semestre de estudio de francés, un estudiante mexicano alcance un nivel A2 en “leer” y un nivel A1 en “hablar con fluidez”. En efecto, el francés y el español son dos lenguas romances derivadas del latín vulgar y comparten una escritura ortográfica; por lo tanto, un hispanohablante puede comprender el significado de muchas palabras simplemente al observarlas por escrito. Sin embargo, las ortografías pertenecen a dos grupos diferentes: el español tiene una ortografía transparente (la relación entre letra y sonido es mayormente directa), mientras que el francés tiene una ortografía opaca (no se pronuncia como se escribe). Así, para un hispanohablante, el tiempo de aprendizaje para alcanzar un nivel A2 y “hablar con fluidez” será mayor que en “leer”.

 

La Biografía lingüística [5] facilita la reflexión sobre el progreso en el desarrollo de habilidades, la identificación de conocimientos y en la formulación de metas a corto y mediano plazo.

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Vemos un ejemplo de diario de aprendizaje que ayuda a autoevaluar el progreso y las actividades llevadas a cabo en relación con los objetivos formulados. Puede parecer obvio, pero nunca está de más repetirlo: para aprender mejor, es fundamental tener bien claro el objetivo de aprendizaje. O recordando a Séneca: “Cuando no sabes hacia donde navegas, ningún viento es favorable”.

 

En fin, en la Carpeta de trabajo [6], uno guarda las evidencias de su aprendizaje.

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Similar a las carpetas en tu computadora, la Carpeta de trabajo es una herramienta que permite organizar los trabajos en grupos lógicos, clasificándolos por lengua y por fecha. Recuerdas que un idioma es algo muy especial que nos acompaña durante toda la vida. Por lo tanto, más vale tener todos nuestros archivos y evidencias debidamente organizados.

 

En suma, tener la capacidad de leer, escuchar o comunicarse en varios idiomas no sólo abre numerosas puertas hacia la diversidad cultural, sino que también brinda un abanico de nuevas oportunidades al nivel personal, académico y profesional. Este logro implica un desafío cognitivo e intelectual y un considerable reto físico. Es necesario aceptar el uso de un idioma en el que muchos elementos resultan desconocidos, así como sumergirse en comportamientos culturales ajenos, como quitarse los zapatos y dejarlos afuera antes de entrar en una casa en Indonesia. Físicamente, es preciso comprometerse a pronunciar nuevos sonidos; mi garganta casi se rindió al intentar pronunciar la palabra “naranja”. Y lo más importante, es entender que ser un políglota de verdad no significa ser un maestro en todo, sino aceptar tener competencias desequilibradas, transitorias y sujetas a cambios a lo largo del tiempo en cada idioma. Así es cómo nos volvemos plurilingües: dejando atrás el mito del hablante perfecto, que sólo lleva a dejar de aprender.

 

Referencias

[1] Zacarías Ponce de León, R. (2021). Neologismos relacionados con la pandemia de COVID-19 en México. Lingüística Mexicana. Nueva Época, 4(1), 7-29. https://n9.cl/dluak

[2] Real Academia Española (2013- ). Diccionario histórico de la lengua española (DHLE) [en línea]. https://n9.cl/ut55

[3] Université de Lausanne (s.f) Portfolio Europeo de las Lenguas (PEL). Edición para la educación superior. https://n9.cl/trg3e

[4] Consejo Europeo de las Lenguas (s.f). Pasaporte Europeo Estandarizado de las Lenguas para Personas Adultas. https://n9.cl/5fgh76

[5] Consejo Europeo de las Lenguas (s.f). Biografía lingüística. https://n9.cl/i4ukb

[6] Consejo Europeo de las Lenguas (s.f). Carpeta. https://n9.cl/a01vh

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Vórtice, enero-mayo 2021 es una publicación trimestral digital editada por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), a través de la Dirección de Publicaciones y Divulgación, Edificio 59 (Facultad de Artes), Campus Norte. Av. Universidad 1001, Col. Chamilpa, CP 62209, Cuernavaca, Morelos, México. Teléfono +52 777 329 7000, ext. 3815. Correo: revistavortice@uaem.mx. Editora responsable: Jade Gutiérrez Hardt. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2014-070112203700-203, ISSN 2395-8871, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor.


Responsable de la última actualización de este número: Roberto Abad, Av. Universidad 1001, Col. Chamilpa, CP 62209.


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